“With Love from Spain” – Utzon Center

Tras una primera visita a Mallorca en 1966, el arquitecto danés Jørn Utzon volvió a recalar en la isla en 1972 para residir en ella de forma permanente. Entre pinos, encinas y mirtos, a lomos de un acantilado, construyó Can Lis, una casa de líneas sobrias y sencillas abierta al cielo, al mar y al paisaje mediterráneo. “Los pinos mallorquines son diferentes de los suecos”, dice Utzon. “Creo que la arquitectura no trata de copiar las formas de las plantas, sino que copia de la disciplina que se encuentra en la naturaleza de un piñón para que éste se convierta en un pino, y de la que está en la semilla de una buganvilla para que ésta se convierta en buganvilla. Cada cosa tiene un carácter interno y por ello pertenece a cierta naturaleza”.

La recién inaugurada exposición “With Love from Spain” nos habla, precisamente, del carácter interno de la arquitectura y de la naturaleza, y de la simbiosis entre esas dos disciplinas. Nos habla, también, de la atracción y de las líneas de encuentro entre  paisaje /arquitectura nórdica y paisaje / arquitectura española.

En una de las instalaciones expresamente construidas para la exposición, un conjunto de columnas de ladrillo ensambladas con mortero se levanta hacia el tragaluz del techo de la sala. De base oscura y fuste claro, las columnas van adoptado forma ondulada a medida que ascienden, en clara alusión a las curvas de los troncos de los árboles en un bosque. La instalación, del arquitecto español Luís Martínez Santa María, es un espacio íntimo de confluencia, en la que la solidez del ladrillo se confunde con la maleabilidad de la madera de forma que la materia inerte parece convertirse en materia orgánica. También es un espacio de diálogo en el que el arquitecto español reinterpreta las columnas de ladrillo que Utzon erigió en Can Lis.

La exposición está concebida como lugar de diálogo entre norte y sur, entre arquitectura y naturaleza. Es un espacio de confluencia sensorial en el que el visitante deambula por espacios semi-abiertos donde las líneas de transición quedan diluidas: el Mediterráneo proyectado en forma de película sobre una pantalla gigante y materializado en los bloques de piedra de marés a sus pies; una cabaña de madera con paredes quemadas reminiscente de antiguas construcciones vikingas con un cálido y moderno interior decorado con herramientas de trabajo mallorquinas.

Cuando el  arquitecto finlandés Alvar Aalto viajó a España en en 1951 para dar unas conferencias en Barcelona y Madrid, ignoró por completo obras icónicas de la arquitectura española como El Escorial de Madrid, la Sagrada Familia de Barcelona o el Museo del Prado. En cambio, se fijó mucho en los paisajes de Castilla, en las pequeñas estaciones de tren y en las sencillas construcciones rurales. Poco después escribiría sobre su viaje: “me llamó la atención en concreto la actividad que ustedes realizan para producir una arquitectura humana. Aunque ambos países se encuentran muy distantes el uno del otro y las diferencias en el clima son grandes, la vida humana es la misma.”

De esta esfera de confluencia nos habla la exposición del centro Utzon.